miércoles, 7 de noviembre de 2012

Blanco Esperanza




Mi hijo José Daniel, me ha dado los momentos más felices y más duros de mi vida, con él he andado el sendero más inesperado y gratificante que jamás haya soñado.
Tiene severos problemas neurológicos. Algunas personas dicen que esta dentro del espectro autista.

Le debo tanto. 

Le debo la certeza de que nada esta escrito. Que la vida no es predecible y que por mas duro que se vea nuestro camino, siempre seguirá sorprendiéndonos y regalando oportunidades increíbles.

Le debo la conciencia de mi propia sabiduría de madre, intuición y corazón. Que los especialistas en niños especiales, podrán aconsejar, pero nunca serán infalibles, ni jamás, sabrán leer el futuro.

Le debo la alegría inmensa de ver la solidaridad en mi familia, la unión por uno de sus miembros. Que el ser más vulnerable es capaz de mover corazones y voluntades. 

Un niño especial requiere de trabajo en equipo y de mi humildad para saber pedir ayuda.

Le debo con el alma, ser el vínculo que me ha ligado con personas extraordinarias, verdaderos ángeles, con los que no tengo con qué pagarles tanta generosidad. 

Personas que entregan su corazón y trabajo por los niños, personas que aún sin saberlo me han dado ejemplo y fortaleza cuando más lo he necesitado.

Le debo el agradecimiento por estar vivos en una época donde las tradiciones y técnicas ancestrales, tecnología y ciencia, junto a los corazones de buenas personas están haciendo posible, lo imposible.

Le debo la emoción y el orgullo de ser testigo de milagros que ocurren en él cada día. 

El milagro de su mirada y de su sonrisa que me llenan el corazón.

Le debo mi total admiración por su valentía y paciencia, por vivir con una discapacidad y todos los días retarla a que no va a poder apagar nunca su fuerza interior.

Le debo que  he sido capaz de experimentar tanto Amor, Coraje y Gratitud, como nunca pensé tener dentro de mí. 

Sí, tengo un hijo con severos problemas neurológicos, es muy doloroso, es cansado, pero nuestro color es el blanco de la esperanza. 

Esperanza. Siempre. Esperanza.

José Daniel y su tía Inés.

Los niños dentro del espectro autista tienen dificultades para comunicarse, pero cuando lo hacen, es de alma a alma.

Berenice Hernández

@Bere_mail

martes, 6 de noviembre de 2012

Gerardo envuelto en rojo




¿Porque escogí  el color rojo?, simplemente por su fuerza, la misma fuerza con la que Gerardo mi hijo se ha aferrado a la vida y la ha desafiado, ha luchado contra su discapacidad y le ha ganado varias batallas. El color rojo impacta, te hace voltear a verlo, te llena de vida y  hace latir el corazón a mil por hora… ¡lo mismo me pasa al ver a mi  niño!.

Desde niña soñé con ser mamá, nunca me imaginé de otro modo, solo siendo mamá, pero me costó mucho trabajo lograrlo. Después de años de buscar un bebé, logré quedar embarazada de cuatrillizos, cosa que nos llenó el alma de felicidad y de vida. Pero las cosas se complicaron ya que uno de los bebés murió dentro de mí y eso aceleró un parto sumamente prematuro.

A las 29 semanas de gestación, nacieron mis hijos, el primero fue Gerardo, después Aurora, enseguida Jorge Paulo que había muerto 24 horas antes, y finalmente Nuria.

 Ese día mi sueño de ser madre, por el que había luchado y el que había soñado desde niña se había convertido en realidad, pero no era para nada lo que yo había imaginado, experimenté el amor más grande y el dolor más terrible, estaba rodeada de vida y de muerte, me dolía respirar, mi vida ahí cambió para siempre.

Nuria murió a los 19 días de luchar en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN), y después de casi 4 meses Gerardo y Aurora salieron del Hospital.

El primero en salir de UCIN fue precisamente Gerardo, mi Gerardito, y era tan frágil, sin embargo era mi primera experiencia como mamá, y en realidad era una mamá con muchos miedos. Yo notaba que algo no estaba bien, pero me repetía a mi misma que solo estaba asustada. A las dos semanas salió Aurorita, y entonces si supe que Gerardito era diferente, a pesar de que ella era mucho más pequeña, pues solo pesó 820 gramos al nacer, comía bien, volteaba a todos lados, estaba alerta, mi corazón de madre me gritaba que mi hijo necesitaba ayuda.

Los médicos trataban de tranquilizarme diciendo que yo estaba nerviosa, que era normal por su prematurez todo lo que hacía y que ya crecería, tristemente no me equivoqué y mi niño cada día estaba peor. Era muy fácil saber al verlo junto a su hermana gemela, y la gente empezaba a notarlo.

Comenzó a convulsionar, a veces hasta 50 veces al día, fue diagnosticado con síndrome de West, hipotonía y retraso psicomotor  a los 6 meses y a partir de ahí nuestra vida se volvió una guerra.

Necesitábamos movernos y hacerlo rápido, buscamos dentro de los tratamientos de rehabilitación la mejor, desgraciadamente en México, y en específico en Aguascalientes en este tema estamos en pañales, y todos los lugares a los que íbamos solo me deprimían más y no me convencían para nada, se me hacía imposible pensar en que le harían lo mismo a mi hijo con Síndrome de West que a un niño con Autismo o Síndrome de Down, me parecía, y me sigue pareciendo ilógico y en cierto modo muy injusto.

Así que encontramos “Los Institutos para el Logro del Potencial Humano” de Filadelfia y supimos que ahí estaba nuestra luz, Glenn Doman tenía lo que necesitábamos y fue así como convertimos nuestra vida en un programa intensivo de los Institutos que tuvo resultados increíbles en Gerardo.

A los 2 meses de haber empezado dejo de convulsionar, por completo, al año ya había dejado los tres medicamentos  anti convulsivos que lo hacían estar en un estado de letargo espantoso. Era un programa de 8 horas en las cuales hacíamos 8 patrones cruzados, 60 veces bajaba el plano inclinado, 60 máscaras respiratorias, programa de lectura, de inteligencia, de matemáticas, terapia sensitiva, visual y auditiva, electro estimulación, terapia respiratoria.

Ganó una victoria en lectura a los dos años y una en visión a los 2 años y medio. Gerardo está diagnosticado con una lesión cerebral severa, bilateral y difusa en corteza y cerebro medio, es parcialmente ciego, y además su salud siempre ha sido un problema grave.

El programa de los Institutos lo tuvimos que dejar por cuestiones de la salud de Gerardito, sin embargo los avances que tuvo fueron increíbles, el Síndrome de West desapareció, cabe mencionar que solo 1 entre mil lo logran, su ceguera mejoró y el nistagmus (movimiento involuntario e incontrolable de los ojos) que tenía se fue, dejando unos ojos hermosos que brillan todo el tiempo.

Hoy Gerardito habla, y mucho de lo que dice yo se lo enseñé en el programa de lectura e inteligencia de los Institutos, ama la música y conoce de ella, su inteligencia va más allá de un cuerpo que no responde. Seguimos en la lucha, aún no camina, pero todos los días trabajamos para que lo logre.

Ha estado hospitalizado 39 veces, lleva 19 cirugías, ha tenido miles de infecciones de todo tipo y un choque séptico con falla sistémica del cual, salió vivo, sin que nadie se explique el por qué.

Su intestino no funciona bien y después de años pudimos llevarlo a Boston en donde le diagnosticaron una Inmunodeficiencia común variable sub-clase IgG4, Pseudo-obstrucción intestinal crónica,  error innato del metabolismo, y claro, parálisis cerebral.

Cuatro años logró sobre vivir sin diagnóstico ni tratamiento, trabajando como locos por mejorar su calidad de vida, esperando un milagro, que llegó y que hoy es lo que nos hace sonreír cada día. Hoy come 20 horas al día de manera continua por su sonda de gastrostomía, se alimenta con una fórmula especial que es lo único que podrá comer el resto de su vida.

Cada 21 días recibe inmunoglobulina por su catéter permanente, y va a terapia física, equino terapia y a la escuela, en donde ha encontrado un mundo para él solo, amor de mil maneras y pertenencia.

La discapacidad llegó a nuestra vida envuelta de miedo y de dolor, y poco a poco se fue convirtiendo en nuestra maestra, nos tocó de maneras distintas y nos ha enseñado tanto, que hoy puedo decir que agradezco la discapacidad de mi hijo porque fue precisamente ella la que ha sacado lo mejor de nosotros, y hoy celebramos la vida de Gerardo de manera distinta, con más ímpetu, con más color, con más corazón.

La vida de Gerardo, mi Gerardito no ha sido fácil, pero ha valido la pena cada cosa que hemos hecho por él, verlo sonreír, hablar, disfrutar y ser feliz hace que este viaje haya sido el mejor viaje de nuestra vida.

Rojo… así lo pienso, envuelto en rojo, intenso, vivo, apasionado, fuerte, impactante.

Sé que hay miles de Gerarditos afuera, que siguen buscando una respuesta, y por ellos luchamos cada día, necesitamos que en México se hagan vida los derechos de nuestros niños y sea el Gobierno quien responda por ellos de manera eficaz, tristemente esto sigue siendo un sueño idealista.

Seguimos en la lucha y no nos detendremos jamás, finalmente fue él quien nos enseño a hacerlo.
Liliana Ortiz de Muñoz
@lilisortiz


lunes, 5 de noviembre de 2012

Mi azul Marcelo




La mariposa Morpho Azul, fue la preferida de Marcelo, durante muchos meses. Reconocía 30 especies distintas -eran parte de su programa de inteligencia-  pero ese lindo ejemplar azul, siempre fue su favorito.

El día en que nació Diego y fui mamá por primera vez, sin duda, fue uno de los más importantes de mi vida.

El día en que nacieron Nicolás y Marcelo, es otro de los más importantes, pero de esos que te marcan, que se quedan grabados como tatuaje en el alma.

Sus vidas corrían peligro, debido a su nacimiento prematuro, pero salieron adelante de sus complicaciones.

Al tercer mes de vida, me di cuenta que algo en Marcelo no marchaba bien, ya había tenido la experiencia de ser mamá, y además estaba Nico, su gemelo que me permitían comparar su desarrollo.

Al buscar ayuda, tuvimos algunos obstáculos médicos, ya que algunos de ellos se resistían a pensar a que el niño tuviera algún problema “serio”, todo lo atribuían a su estado prematuro.

Yo sentía que mi deber era investigar y llegar a resolver las dudas que me atormentaban. Y así fue.

Marcelo sufrió un infarto cerebral intrauterino, una lesión cerebral que afectó ambos hemisferios cerebrales, con predominancia en el izquierdo. Era “funcionalmente” ciego, tenía estrabismo divergente, su lado derecho del cuerpo presentaba rigidez, y convulsionaba alrededor de 10 veces en un día.

El pronóstico del neurólogo pediatra que lo revisó en México, me informó que Marcelo de acuerdo a los estudios presentados, sería casi un mueble, no había manera de saber si algún día caminaría, hablaría, escribiría, el futuro de su visión también era incierto, y por supuesto que su desarrollo intelectual también estaba comprometido.

Después de escuchar este oscuro panorama, no me permití caer en un abismo, aunque no niego que muchas veces se me antojó, y decidí que tenía que encontrar opciones para él. No podía esperar sentada 6 años observando, lo que mi hijo no haría.

El destino me puso una dura prueba en mi camino, una prueba que tenía que ser, sino superada, por lo menos darle batalla con todo mi esfuerzo para tratar de que la vida de Marcelo tuviera sentido y fuera feliz.

A los 6 meses ya teníamos un diagnóstico, un equipo de médicos y especialistas en rehabilitación en lesiones cerebrales en Filadelfia encabezados por Glenn Doman, fundador de “The Institutes for  the Achievement of Human Potential” tomaron nuestro caso y se pusieron a trabajar.

El trabajo consistiría en entrenar a los padres, en su filosofía, en sus programas para llevarlo a cabo en casa, por un tiempo indefinido.

Y en  casa, otro equipo de papás, hermanos, abuelos, tías, tías abuelas, primas, encabezados por mí, que estaban dispuestos y esperando a dar poner lo que fuera necesario para ayudarme a sacar adelante a Marcelo.

Sin el apoyo de todos, jamás hubiéramos logrado lo que hicimos, les guardo a todos un agradecimiento infinito por tanto amor y dedicación.

Relatar cómo fue desarrollado el programa de rehabilitación en casa, sería motivo de un libro, por lo extenso que ha sido y por las innumerables anécdotas que vivimos todos a lo largo de estos casi seis años.

El esfuerzo fue inmenso, a veces he llegado a creer que yo me quedé en ese camino, entre sacrificios, penas, afecciones a mi salud, entre muchas otras cosas.

Pero hoy veo a los niños que tengo en casa, y con seguridad puedo decir, que volvería a hacer lo mismo o incluso más. Digo niños, porque el programa de rehabilitación los tocó a los tres.

La discapacidad nunca se vive en soledad. Toca muchas vidas alrededor.

El día de hoy Marcelo, es un niño sano, lee desde los dos años y medio, en español, inglés y francés. Escribe. Hace operaciones aritméticas.

Camina, corre, anda en bici, nada, usa la computadora, empieza a escribir con la mano izquierda. Obedece. Practica karate.

Tiene una debilidad por la pintura, especialmente por el trabajo de Vincent Van Gogh y Frida Kahlo,  le encanta la Quinta Sinfonía de Beethoven.  Su capacidad de aprendizaje es asombroso. Esta en tercero de kínder y socializa como cualquier otro niño promedio.

Duerme en el mismo cuarto que sus hermanos, en las paredes hay pintas de Trasnsformers, Rayo McQueen, y también sus litografías preferidas de Van Gogh, un poster de Frida, y una pequeña foto de Beethoven en el closet.

Le falta ir a ver a un mural de José Clemente Orozco, en vivo y a todo color, “ese donde sale Miguel Hidalgo y el otro de Benito Juárez y la República” –dijo Marcelo-

Tenemos mucho trabajo por hacer todavía, como por ejemplo: la recuperación completa de la movilidad del lado derecho de su cuerpo, y otros detalles.

La NO negación de sus problemas por parte de los padres, y de la familia en general, ha sido una de las claves para salir adelante, es decir, para poder trabajar con una discapacidad hay que aceptarla y reconocerla.

Esta situación que la vida trajo a mi familia, nos permitió entrar en un mundo desconocido para la mayoría, al que tenemos acceso sólo los que estamos en contacto directo con un niño con discapacidad.

No es una situación agradable, nos ha traído muchas tristezas y frustraciones, pero a pesar de toda la parte oscura, hemos descubierto maravillas, como lo es el potencial del cerebro que no nos atrevemos a explorar ni a explotar, la nobleza de la naturaleza para restablecer daños después de una lesión (no en todos los casos)  y la entereza de los niños que luchan hombro con hombro con los papás para salir adelante.

Hay mucho que aprender de la discapacidad, hay muchos cristales a través de los cuales mirarla.

Yo siento el compromiso de difundir lo que he aprendido a través de estos seis años, para que la discapacidad sea comprendida y atendida dignamente.

Hay muchos sectores involucrados alrededor de ella: la familia, las escuelas, los médicos, las autoridades en sus tres niveles de gobierno, los empresarios, la sociedad en general, y a su vez, hay mucho desconocimiento que provoca discriminación, porque tendemos a rechazar lo que no conocemos, lo que no es igual.

Esta es nuestra historia, o al menos parte de ella, darla a conocerla cicatriza un poco mi alma, y espero que ayude a otras familias que lo necesitan, a acercarse a la discapacidad sin miedo y con esperanza, y que llene de ánimo a todo aquel que lo necesite.

@Norms__

domingo, 4 de noviembre de 2012

Seis Cristales


La discapacidad vista a través de seis cristales. 

Seis historias que nos acercarán un poco a ella.

A entenderla, a comprenderla.

A sensibilizarnos del amplio espectro que la rodea.  

Aprender de cada niño y de su familia la manera en como salir adelante ante la adversidad.

Nadie está blindado de sufrir una discapacidad, ya sea por nacimiento, por accidente, o incidente vascular. 

Necesitamos hacer conciencia de ello, y de la forma en como sociedad estamos preparados para hacerle frente.

Gracias a Marcelo, Gerardo, José Daniel, Alejando y Rubén, por compartir sus historias y mostrarnos como seguir sonriendo a pesar de estar atrapados en un cuerpo que no responde.




miércoles, 17 de octubre de 2012

La muerte no tiene quién le escriba



Han pasado días, semanas, meses, en los que cientos y cientos de familias mexicanas hemos sido agraviados por causas derivadas de la fallida guerra de Felipe Calderón.

Muertes, desapariciones, secuestros, violaciones, extorsión, desplazamiento,  por mencionar sólo algunos. Y la mayoría de los ciudadanos que no viven en zonas de alto riesgo, sólo nos  acompañan con su silencio, con su indiferencia, el norte sigue estando geográficamente lejano. Nuestro dolor NO es compartido.

Todos los días se cometen ejecuciones en el país, pero el pasado día 3 de octubre hubo una víctima “especial”, Eduardo Moreira Rodríguez, fue ejecutado en Ciudad Acuña Coahuila, una víctima con nombre y apellido para los medios de comunicación  que, entre otras cosas, vino a poner en entredicho algunos de los valores de la sociedad mexicana.

Me queda claro que el dolor de un padre por la pérdida de un hijo es el mismo, sin importar cuánto dinero tengas en el bolsillo. Me queda claro también que la justicia en este país sí tiene precio y que es aplicada totalmente a voluntad de la autoridad, razón por la cual no me sorprendería que este caso, por todos conocido, se “resolviera”, a diferencia de las víctimas anónimas.

Lo que no me queda claro, en lo absoluto, es la respuesta de la sociedad frente a estos eventos. Me parece que no nos estamos entendiendo entre nosotros, ni tampoco estamos siendo congruentes.

Por un lado los muertos SIN nombre parece que NO son suficientes como para salir a la calle a hacer un reclamo unánime para detener estas estrategias fallidas de guerra. Hay cientos de  familias enteras destrozadas por la muerte y desaparición de sus seres queridos, incluso muchos nunca volverán a ver ni sus cuerpos.

Y por otro lado, ejecutan a hombre joven, hijo de un político ampliamente conocido, con una reputación dudosa, como lo es Humberto Moreira e inmediatamente la sociedad se vuelca y se enreda - como en una turba enardecida- , festejando la muerte del joven, hablando visceralmente, exponiendo su resentimiento con tal saña, que el resultado de esto me parece totalmente desproporcionado e incongruente.

¿En dónde estaba esa turba enardecida agraviada exigiendo a gritos a Calderón los muertos de San Fernando? ¿Los muertos en Villas de Salvarcar? ¿Las balaceras constantes en Reynosa, Saltillo, Nuevo Laredo? Los daños colaterales. Y no sigo enumerando eventos porque la lista es demasiado larga.

Como resultado de estos comportamientos yo sí veo una sociedad con una doble y hasta triple moral. Tan divida y tan resentida que hasta la muerte nos separa.
Extraoficialmente: 88 mil 361  muertos y  5 mil 397 desaparecidos. Más los que se acumulen el día de hoy. Y contando.

¿Cuánto dolor  más necesitamos para que el reclamo sea unánime? ¿A los cuántos muertos nos indignamos en serio?

La libertad que se construye




No sé si a ustedes les pase, pero las noticias hoy en día fluyen con tal rapidez que apenas y nos dan tiempo de reflexionar sobre algún evento, pues tenemos varios temas encima sobre los que pensar.

Incluso me he llegado a cuestionar el buen uso de las redes sociales en cuanto a la cantidad y calidad de información que llega a nuestras manos diariamente.

Los que estamos acostumbrados a usar Twitter como medio de información, nos topamos con una gran cantidad de opiniones, debates y hasta peleas entre usuarios, por lo que tengo la sensación de que no alcanzamos a digerir todo de manera correcta.

Los medios tradicionales están entrando en una grave crisis antes las cascadas de información en tiempo real que fluyen a través de las redes.  El periodismo mismo está en entredicho al utilizar a usuarios de estas redes como fuentes fidedignas, dejando por un lado la confirmación de la información que se publica, por ejemplo.

¿Tiempos raros?

Y me parece que ya no hay vuelta atrás, el escenario cambió y no hay quien lo detenga. Tendremos que acostumbrarnos, todos, a esta nueva dinámica que marcan las redes y a la agenda informativa que éstas producen.

Ya es imposible no tomarlas en cuenta –para bien o para mal– existen y se han convertido en un punto clave en la vida política de México, tal como ha sucedido en otros países.

El reto que tenemos frente a nosotros es grande, porque ahora la información emana de la misma sociedad, ya no tenemos que esperar a que las televisoras o los grandes monopolios de periódicos informen, mientan, o distorsionen los hechos que ocurren a  lo largo y ancho de la República.

Nuestra responsabilidad como usuarios es clasificar y filtrar todo lo que leemos para que se convierta en una herramienta válida y confiable y nos sirva para construir nuestro destino como sociedad responsable e informada.

Tendremos que aprender a dejar por un lado los egos, los protagonismos, las pasiones partidistas que tanto dañan, para aprender a vivir en una sana convivencia, en donde las diferencias nutran, en lugar de dividir.

Dejar el insulto y sustituirlo por debates fundamentados en donde todos los lectores salgamos ganando. La libertad de expresión se construye, no se impone y eso es parte de nuestro trabajo como ciudadanos.

¿Ustedes qué piensan?